Término histórico-artístico que se aplica a los estilos
pictóricos de finales del siglo XIX y
principios del XX. Este término engloba
diversos estilos personales planteándolos como una extensión del impresionismo
y a la vez como un rechazo a las limitaciones de este. Los postimpresionistas
continuaron utilizando colores vivos, una aplicación compacta de la pintura, pinceladas
distinguibles y temas de la vida real, pero intentaron llevar más emoción y
expresión a su pintura. Sus exponentes reaccionaron contra el deseo de reflejar
fielmente la naturaleza y presentaron una visión más subjetiva del mundo.
Fry reconocía que «Postimpresionismo» era un nombre bastante
impreciso, ya que estos artistas sólo tenían en común una ambigua relación con
el Impresionismo, del que parten para tratar de superarlo por diversos caminos.
El
impresionismo supuso una ruptura de los conceptos dominantes en la pintura y la
escultura. Si hasta entonces primaban el estudio racional de la obra, la
composición sobre dibujos previos y la claridad de las líneas, los
impresionistas abandonaron ese suelo para tratar de captar en sus obras la impresión
espontánea, tal como llegaba a sus sentidos. No les importaba tanto el objeto
que se quería pintar como la sensación recibida. La sensación fugaz, efímera,
difícilmente perceptible y reproducible.
Los pintores impresionistas
abandonaron los talleres y salieron al exterior. Sus modelos fueron la calle,
el edificio, el paisaje, la persona, el hecho, pero no en su concepción
estática y permanente sino percibidos en ese momento casi único.
El
pintor impresionista pintaba in situ y terminaba la obra con rapidez.
Utilizaba trazos sueltos, cortos y vigorosos. Los objetos y el propio espacio
no se delimitaban con líneas siguiendo los cánones renacentistas, sino que se
formaban en la retina del observador a partir de esos trazos imprecisos.
La pintura impresionista
descubrió el valor cambiante de la luz y su movimiento, utilizando una rica
paleta cromática de la que excluyeron el negro porque el color negro, según
decían, no existía en la naturaleza.
Fuente: Arturo Colorado Castellary, Introducción a la historia de la pintura, editorial Síntesis


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